Estoy nerviosa.
Nerviosa de desconfianza,
de morderme la nada alrededor de las uñas
y de querer que las horas pasen.
Sin más.
Y sigo dolorida de los moratones que dejan las huellas del miedo.
Y la incertidumbre.
Quiero lo que quiero y lo quiero ya.
Aunque no entienda las mil cosas que no entiendo.
Aunque sigan así siempre.
Porque mi ignorancia es infinita.
Y es que no sé.
Simplemente, no sé.
Solo acierto a desear.
Un sonido.
Una imagen.
Un mensaje en el cajón que sólo se llena con esos mensajes.
Que además me hacen falta.
Me hace falta volver a arrastrar ese sueño
que me convierte las ojeras en alegría.
Y lo hace soplando una brisa de chocolate
en noches de más, y días de menos.
Palabras con palabras, puñados de sensaciones y algo de música
miércoles, 19 de octubre de 2011
martes, 27 de septiembre de 2011
Lonely
En el cartel colgado en la puerta se leía en letra cursiva "Señorita Davies". Observó el letrero durante unos segundos y pensó por qué se hizo llamar Señorita Davies y no mantuvo su verdadero apellido. Pensó que la gente del espectáculo necesita ese tipo de cambios cuando se forma una identidad en el mundillo. Más como catarsis personal que como verdadera estrategia comercial. Y no es que no le gustara que se hubiera hecho llamar a sí misma Señorita Davies, eso era una decisión de ella, es que para él la Señorita Davies era una completa desconocida. Era una mujer excesivamente preocupada por su imagen, por la opinión de los demás y con la agenda demasiado apretada como para pensar en lo verdaderamente importante.
Observó el letrero con no poca melancolía y aferró su mano al pomo de la puerta. No fue capaz de girar la mano instantáneamente, dudó. Había girado el pomo durante años, como una fiel rutina, dulce al principio, confusa después, a la que nunca había faltado. Ramos de flores, tartas, felicitaciones, regalos, o simplemente abrazos y besos, palabras de ánimo y miradas de complicidad y comprensión, que con el tiempo se fueron transformando y ya no sabía dónde habían quedado. Pero ella era feliz.
A través de la puerta escuchó su voz. Hablaba en voz bastante alta, quizá demasiado para su gusto, y de manera bastante airada. Aún con la mano asida al pomo, se aproximó un poco más a la puerta y trató de escucharla. A la Señorita Davies. A la verdadera, a la que se dejaba realmente ser ella misma cuando estaba sola.
Soltó el pomo de la puerta derrotado por la realidad y vencido por la amargura. Era como si de pronto girar el pomo y abrir la puerta ya no tuvieran sentido alguno. Miró nuevamente el letrero y lo maldijo para sí, conteniendo la rabia y con las lágrimas aguantando en sus ojos para no salir.
A lo largo de un angosto y oscuro pasillo, caminó sin ánimo arrastrando los pies y preguntándose cuándo la Señorita Davies había dejado de ser simplemente Ana.
Observó el letrero con no poca melancolía y aferró su mano al pomo de la puerta. No fue capaz de girar la mano instantáneamente, dudó. Había girado el pomo durante años, como una fiel rutina, dulce al principio, confusa después, a la que nunca había faltado. Ramos de flores, tartas, felicitaciones, regalos, o simplemente abrazos y besos, palabras de ánimo y miradas de complicidad y comprensión, que con el tiempo se fueron transformando y ya no sabía dónde habían quedado. Pero ella era feliz.
A través de la puerta escuchó su voz. Hablaba en voz bastante alta, quizá demasiado para su gusto, y de manera bastante airada. Aún con la mano asida al pomo, se aproximó un poco más a la puerta y trató de escucharla. A la Señorita Davies. A la verdadera, a la que se dejaba realmente ser ella misma cuando estaba sola.
Soltó el pomo de la puerta derrotado por la realidad y vencido por la amargura. Era como si de pronto girar el pomo y abrir la puerta ya no tuvieran sentido alguno. Miró nuevamente el letrero y lo maldijo para sí, conteniendo la rabia y con las lágrimas aguantando en sus ojos para no salir.
A lo largo de un angosto y oscuro pasillo, caminó sin ánimo arrastrando los pies y preguntándose cuándo la Señorita Davies había dejado de ser simplemente Ana.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Childhood 1
Gabriel se encerraba en el armario de su habitación y con
una linterna se contaba los dedos de las manos y los dedos de los pies. Andrés,
su hermano mayor, siempre le había contado que por las noches los monstruos
salen del armario para llevarse a los niños que no duermen. Por las noches
aguardaba a ver alguno de esos monstruos que nunca llegaban y por el día se
encerraba en el armario para contarse los dedos de las manos y los dedos de los
pies. No hacía mucho que sabía contar, pero ya se le daba bastante bien. Sabía
contar las estrellas que se veían desde el jardín después de cenar, sabía
contar los lápices de colores que Andrés guardaba en su estuche rojo, sabía
contar los días que su padre salía de casa dando un portazo, las veces que su
madre se escondía en el baño llorando, y el número de moratones que su madre
coleccionaba por golpearse sin querer con los muebles del salón o con la
barandilla del porche. Nunca contó los gritos y golpes que se escuchaban al
otro lado de la casa en la habitación de sus padres, porque cuando eso pasaba,
Gabriel se encerraba en el armario de su habitación y con una linterna se
contaba los dedos de las manos y los dedos de los pies.
lunes, 3 de mayo de 2010
J'y suis jamais allé(e)
Soñé,
con los ojos abiertos soñé.
Que los cielos más cerrados se abrirían de un soplido.
Que los puentes no sólo conectarían espacios,
si no que unirían personas, mentes, inquietudes y deseos.
Soñé que las luces de los coches me enseñarían el camino más recto a la felicidad.
Que el vértigo que padezco nada tenía que ver con las alturas,
aunque sí con lo alto que quiero llegar.
Y soñé,
que los sueños se hacen realidad.
Dicen que "son tiempos difíciles para los soñadores",
asi que me guardaré mis sueños en una caja, y los sacaré y los limpiaré el polvo más adelante.
Cuando vengan tiempos mejores.
Mientras, seguiré coleccionando ilusiones.
con los ojos abiertos soñé.
Que los cielos más cerrados se abrirían de un soplido.
Que los puentes no sólo conectarían espacios,
si no que unirían personas, mentes, inquietudes y deseos.
Soñé que las luces de los coches me enseñarían el camino más recto a la felicidad.
Que el vértigo que padezco nada tenía que ver con las alturas,
aunque sí con lo alto que quiero llegar.
Y soñé,
que los sueños se hacen realidad.
Dicen que "son tiempos difíciles para los soñadores",
asi que me guardaré mis sueños en una caja, y los sacaré y los limpiaré el polvo más adelante.
Cuando vengan tiempos mejores.
Mientras, seguiré coleccionando ilusiones.
jueves, 12 de noviembre de 2009
Lonely Day
Me pasa
que si cierro los ojos
y me duermo en silencio,
derrumbo mis miedos
a base de sueño, temblores y ganas.
Que tengo ganas
de tus ganas
y de mis remiendos.
De mis errores confusos
y mis aciertos traviesos.
De tus miradas serenas
y tus caricias de fuego
cosidas con pequeñas puntadas
en lo más hondo de tu empeño.
Y del mío.
Y no lo tengo.
Porque me falta.
Pero no puedo evitar,
evitar recordar,
que mi pelo se enreda con sólo mirar
esa foto o esa señal,
que grabaste en mis sueños sin preguntar.
Por eso,
con rimas fáciles y sentencias a medias,
me revuelvo entre unas sábanas
que no son las mías,
que no me conocen
y que no me cuidan.
Que no me olvido.
Que hoy está turbio,
pero mañana,
mañana cuando cambie el día,
la hora,
y la luz,
mañana
será otro día.
que si cierro los ojos
y me duermo en silencio,
derrumbo mis miedos
a base de sueño, temblores y ganas.
Que tengo ganas
de tus ganas
y de mis remiendos.
De mis errores confusos
y mis aciertos traviesos.
De tus miradas serenas
y tus caricias de fuego
cosidas con pequeñas puntadas
en lo más hondo de tu empeño.
Y del mío.
Y no lo tengo.
Porque me falta.
Pero no puedo evitar,
evitar recordar,
que mi pelo se enreda con sólo mirar
esa foto o esa señal,
que grabaste en mis sueños sin preguntar.
Por eso,
con rimas fáciles y sentencias a medias,
me revuelvo entre unas sábanas
que no son las mías,
que no me conocen
y que no me cuidan.
Que no me olvido.
Que hoy está turbio,
pero mañana,
mañana cuando cambie el día,
la hora,
y la luz,
mañana
será otro día.
viernes, 21 de agosto de 2009
Chasing Cars
Disculpen señores si en adelante me encuentran más sensible de lo normal.
Disculpen si por granos de arena hago montañas y por si con gotas de agua invento océanos.
Disculpen si estoy más ausente de lo normal o todo lo contrario, pues todo depende del punto de mi particular montaña rusa en el que me encuentre.
Disculpen si hago míos y sólo míos los minutos que pasan entre la última vez y la siguiente, y que grite más fuerte que el tic tac del reloj cuando no sé llenar ese vacío.
Disculpen si doy mordiscos al aire sin avisar y al final me atraganto con una bola de pelo, de mi propio pelo, enredado y alborotado, por querer hablar más fuerte de lo que puedo.
Disculpen si doy más importancia de lo normal a todo lo que me importa:
Que me empapeléis con vuestras "críticas" constructivas, a veces hirientes y casi siempre necesarias;
que te muerdas los carrillos cuando me ves llorar y te sientas impotente, dolido e incluso culpable y aún así siguas al pié del cañón;
que siempre seas el primero que escucha mis debilidades y mis grandezas y siempre, siempre, estés ahí;
que me acaricies las inseguridades con sonrisas y paciencia y me guardes los secretos de Montera (y otros cuantos);
Que me llames siempre para estar en tus fiestas y hayas querido saber quién y cómo soy, con una fe ciega y admirable;
que estés tremendamente distante, pero con los años y los dolores de cabeza, siempre haya sido todo igual;
que tu creatividad me inunde los sentidos sin pedir permiso y siempre me sorprenda de la misma manera;
Que seas tan condenadamente parecida a mi;
que seas tan fantástica y me dés siempre razones sin darte cuenta para querer ser como tú, o al menos un poquito;
que me intimides con tu mirada inquisidora, esa que pones sin querer y esa que me deja ver lo genial que eres;
que nunca dejes de enseñarme cosas, de puertas que se cierran, ventanas que se abren y que todo pasa por alguna razón;
Que seas menos que un padre y más que un amigo al uso;
Que sigas siendo un borde, pero que sigas al fin y al cabo;
Que simplemente seas tú y me envuelvas los pinreles y las arruguitas con un poco de calor cuando haga falta.
Que por granos en la cara cuento el estrés día a día, y cada día que pasa es uno más, y en realidad cada día que pasa es uno menos.
Disculpen señores si en adelante me encuentran más sensible de lo normal.
Disculpen si por granos de arena hago montañas y por si con gotas de agua invento océanos.
Disculpen si estoy más ausente de lo normal o todo lo contrario, pues todo depende del punto de mi particular montaña rusa en el que me encuentre.
Disculpen si hago míos y sólo míos los minutos que pasan entre la última vez y la siguiente, y que grite más fuerte que el tic tac del reloj cuando no sé llenar ese vacío.
Disculpen si doy mordiscos al aire sin avisar y al final me atraganto con una bola de pelo, de mi propio pelo, enredado y alborotado, por querer hablar más fuerte de lo que puedo.
Disculpen si doy más importancia de lo normal a todo lo que me importa:
Que me empapeléis con vuestras "críticas" constructivas, a veces hirientes y casi siempre necesarias;
que te muerdas los carrillos cuando me ves llorar y te sientas impotente, dolido e incluso culpable y aún así siguas al pié del cañón;
que siempre seas el primero que escucha mis debilidades y mis grandezas y siempre, siempre, estés ahí;
que me acaricies las inseguridades con sonrisas y paciencia y me guardes los secretos de Montera (y otros cuantos);
Que me llames siempre para estar en tus fiestas y hayas querido saber quién y cómo soy, con una fe ciega y admirable;
que estés tremendamente distante, pero con los años y los dolores de cabeza, siempre haya sido todo igual;
que tu creatividad me inunde los sentidos sin pedir permiso y siempre me sorprenda de la misma manera;
Que seas tan condenadamente parecida a mi;
que seas tan fantástica y me dés siempre razones sin darte cuenta para querer ser como tú, o al menos un poquito;
que me intimides con tu mirada inquisidora, esa que pones sin querer y esa que me deja ver lo genial que eres;
que nunca dejes de enseñarme cosas, de puertas que se cierran, ventanas que se abren y que todo pasa por alguna razón;
Que seas menos que un padre y más que un amigo al uso;
Que sigas siendo un borde, pero que sigas al fin y al cabo;
Que simplemente seas tú y me envuelvas los pinreles y las arruguitas con un poco de calor cuando haga falta.
Que por granos en la cara cuento el estrés día a día, y cada día que pasa es uno más, y en realidad cada día que pasa es uno menos.
Disculpen señores si en adelante me encuentran más sensible de lo normal.
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