Consciente de su aparente locura y de su irremediable ecléctica forma de ser, de repente, con sólo sentarse delante del ordenador y teclear lo que ella pensó que era un Desarrollo de su Psicoanálisis, dedujo que, con todo y con eso, era, posiblemente, una de las pocas personas felices sobra la faz de la tierra.
Y yo me alegro de eso.
Y yo, que a su lado no me siento ni la mitad de segura ni la mitad de fantástica, comparo mi fanatismo por su mirada y su forma de simplemente ser ella, con el tiempo que he perdido en pamplinas y no he profundizado en sus paranoias. En cualquiera de ellas.
Pero sé, que todo lo que me queda por ver, por aprender a leer en sus gestos y en sus sonrisas, lo que me falta saber de sus inquietudes y sus dolores de cabeza, de sus ambiciones y sus subidones, está por venir. Y vendrá.
Y cuando venga aquí estaré.
Que ya estoy aquí.
Y no me pienso ir.